martes, 13 de septiembre de 2016

Los hijos del Sol - Capítulo 1

Desde muy chico soñé con escribir una historia de superhéroes, con seres todopoderosos como esos que llenaron de fantasías mis horas de infancia y que permanecen junto a mi, aún hoy.
Esta historia que les traigo (hoy el primer capítulo) la escribí a lo largo de muchos años, de a "pedacitos". Rejunté todos esos "pedazos" y armé un libro que espero sea de vuestro agrado.
Cada capítulo del libro lo iré publicando en posteos separados, y en este primer episodio leeremos la historia de un joven que comienza a descubrir sus poderes y de las dudas que le surgen en esas primeras horas de su aventura.









Los hijos del Sol

Libro 1 - El Despertar

Capítulo I
Diario de Álvaro Sánchez

¡¿Qué carajo es ésto?!
¿Es un regalo del cielo o una maldición? ¿Qué mierda es…?

Hace poco más de una semana comenzó el cambio. Y hará cosa de tres días, los “poderes” se desarrollaron y empezaron a manifestarse.
Decir que estoy cómodo con mi nueva condición es mentir. No es que me moleste: me desespera no saber qué hacer con ella.
Al principio sentí mareos y terribles dolores de cabeza. No podía enfocar mi vista. Escuchaba voces, y los oídos me dolían, castigados por un intenso zumbido.
Tuve pesadillas en las que arrojaba gente y cosas por los aires. El monstruo de mis peores pesadillas, era yo mismo.
Ahora, el descalabro de mi cuerpo parece haberse organizado: dejé atrás aquellos malestares y empecé a descubrir cosas que por momentos me maravillan, y por momentos me asustan.
Me asombra la descomunal fuerza que tengo. No se corresponde en nada con la imagen de mi cuerpo que me devuelve el espejo.
   
Golpear, romper, doblar, las habilidades propias de un súperforzudo se han potenciado; pero lo que más me sorprende es la gran velocidad a la que puedo correr, y los enormes saltos que puedo dar gracias a la extrema capacidad de mis piernas.
Las primeras proezas fueron saltos de entre diez a veinte metros de largo, y unos cinco o seis de alto, aproximadamente. Y digo aproximadamente porque la Trigonometría no se me da muy bien mientras sobrevuelo el techo de mi casa.
Está todo bien, pero… ¿Qué carajo me está pasando?

A veces pienso que todo es producto de mi imaginación, plagada de tipos con máscaras: leo cómics de superhéroes desde muy niño; sí, hace bastante tiempo… ¿Estaré volviéndome loco? Una locura clásica, de esas que te mandan al loquero, envuelto en camisas de fuerza.

Una mañana desperté con los alaridos de la Señora Correa, mi vecina. Su tanque de agua se había venido abajo. Creía haber soñando que en uno de mis saltos nocturno chocaba con el mastodóntico depósito de agua. Pero no; me costó cruzar la calle por entre los escombros, aquella mañana.

Estoy saliendo por las noches, tarde, a dar vueltas por el barrio. La desolación de las calles es total en horas de la madrugada de un día de semana. Me divierto. Espío las batallas de maullidos de los gatos en celo. Vuelos increíbles, corridas supersónicas, lanzamientos fabulosos, destrezas admirables de alguien que comienza a descubrir sus… ¡¿superpoderes?!
   
Justo en el momento en el que un gato anaranjado estilo “Garfield” había logrado reducir y espantar a un flaco y hambriento minino gis, y ganarse la atención de la hermosa Cleo, la siamesa de Doña Sepúlveda, sentí aquellos gritos.
Traté de concentrarme y aislar el sonido. Parecían provenir de la canchita de fútbol, a dos cuadras de donde estaba. Me paré sobre la medianera entre dos casas; tomé impulso con un pequeño movimiento, como quien se pone en puntas de pie, y me elevé en el aire.
Fue mi salto más alto. Era mi “vuelo de bautismo” ¡Volaba!
En una fracción de segundo recorrí las dos cuadras., y sobrevolé el potrero. Cerca de uno de los arcos, contra el alambrado, envueltos en una espesa oscuridad, dos hombres forcejeaban con una mujer, intentando abusar de ella.
Volé lo más bajo que pude, unos diez metros de altura, para no ser visto. Cuando aterricé detrás de ellos, el estrépito de mis pies al chocar con el suelo, les hizo soltar a la joven. Petrificados, quedaron mirándome. No pudieron reaccionar, y si lo intentaron, mis cachetazos sofocaron cualquier atisbo al respecto.
Me acerqué luego a la joven, mientras los delincuentes se retorcían de dolor, escupiendo dientes y sangre de sus bocas.

- ¿Dónde vive señorita? ¿Quiere que la acompañe?

La mujer no pudo articular palabras; se notaba que sentía tanto terror por mí, como por sus atacantes.
- Man... z-zana... efe... c-casa d-d-doce - respondió al cabo de unos segundos.
- Tranquila señorita, no le haré daño. Estoy aquí para ayudarla. - le dije intentando calmarla.

La alcé en mis brazos, y volando hasta la dirección que me indicó, en cuestión de diez segundos, la dejé en la puerta de su casa.
Todavía juntaban los dientes desparramados cuando regresé donde los criminales. Se preguntaban contra qué habían chocado…
Tomándolos de sus cinturones, alcé uno en cada mano y los trasladé a la comisaría cercana. Los dejé en la puerta antes de que alguien más me viera.

- Se van a declarar culpables de intento de violación, y no van a resistirse a la detención. Lo harán como les digo, si quieren conservar los pocos dientes que aún les quedan. Los estaré vigilando.

Volví a casa; era suficiente para una noche de aventuras. Me senté en mi sillón-hamaca, y me puse a evaluar lo vivido ¿Me había convertido en un émulo de El Caballero Oscuro?
Pasaron unas cuantas horas desde que me senté a considerar lo ocurrido. Me gusta dormirme hamacándome en el sillón.

Experto en cómics de superhéroes como me creía, enseguida supe que había una larga Lista de ítems por cumplimentar, si pretendía ser uno de ellos.
Primero y principal, debía decidir qué hacer con lo que tenía dentro de mí; cómo y para qué utilizar este tremendo poder.
- Seré del bando de los buenos - concluí, aunque el único “súper-bueno real”, hasta donde sabía, fuere yo.
Más tarde supe que para llevar a cabo la misión autoimpuesta de “luchar por El Bien” debía proteger mi identidad. No sé para qué: no soy un periodista famoso, ni un multimillonario playboy; ni siquiera tengo seres queridos conmigo a quienes resguardar, salvo Rosa, pero, dudo que algún súper villano se tome la molestia de hacerle daño a una vieja tortuga de 80 años.
De todos modos, me excité al imaginarme como superhéroe… Había soñado tanto, de niño, con la capa de Superman, la capucha de Batman, el bigote de El Zorro… Ni Clark Kent, ni Bruce Wayne, ni Diego de la Vega. Ahora, debía YO llevar mi propio traje.
Pensé en la oscuridad y en la idea de infundir miedo en los delincuentes. Así fue que saqué del placard un saco de cuero negro, largo, hasta unos centímetros por encima de la rodilla. Busqué una remera negra que guardo de mis épocas de rockero, le raspé el logo de AC-DC que llevaba en el pecho, y la dejé lisa, sin ningún dibujo. Tomé un gorro de lana, negro, y le hice agujeros para los ojos.
- Bien, parezco todo un ninja… - me dije, tratando de convencerme, mientras el espejo me replicaba: “Parecés un idiota”
Unos vaqueros de color gris oscuro, elastizados y pegados al cuerpo, de cuando intentaba estar a la moda, y unos borceguíes “Caterpillar” negros, completaban aquel atuendo que parecía el híbrido fallido entre “Neo” de The Matrix y Frank Castle.

Y bueno… Así estoy: soñando con ser The Punisher, y pareciendo un absurdo personaje del Cine Z. Pero, totalmente convencido de que debo llevar a cabo esta Misión.
Por ahora, iré sembrando el terror entre los delincuentes de mi barrio; veré qué hago con el resto de la Ciudad.
 
¡Todos temerán el poder de… “La Sombra”! 
La Sombra: muy gastado.
¿El Hombre de Negro?... ¡Peor!
“Black…” Nada en inglés…

- ¡Auxilio! ¡Me están robando!

Alguien me necesita. Voy a ver. Vuelvo en un rato.


Hasta aquí el primer capítulo. Espero que les haya gustado. En la próxima entrega la historia cruza el Río de la Plata para contarnos sobre el "despertar" de Sebastián: Capítulo II - Sebastián Ruiz - "Sentidos"

* Capítulo siguiente: Capítulo II - Sebastián Ruiz - "Sentidos"


1 comentario:

  1. Me encanta, desde el comienzo dan ganas de seguir leyendo. Amo la ciencia ficcion, los superheroes y amo leer, no puedo pedir mas.

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