jueves, 8 de marzo de 2018

Analizando a Murray Rothbard (Parte I) (LiberalDelMes)

La iniciativa #ElLiberalDelMes del grupo “Liberales Libertarios Argentinos” sigue su curso, y en el tercer mes del 2018, marzo, hemos elegido al libertario Murray Newton Rothbard… ¡The enemy of State!




El Liberal del Mes (marzo 2018)
Murray N. Rothbard


Como siempre, sugerimos la lectura de alguna o algunas de las obras del “Liberal del mes”, y en esta ocasión hemos elegido de Rothbard un libro que jamás pasará inadvertido: “Por una nueva libertad: El Manifiesto Libertario”.
Llewellyn H. Rockwell, Jr. afirma, en su Introducción en la edición de 2006, que:

"El libro sigue siendo considerado como “peligroso” precisamente porque una vez que la exposición al Rothbardianismo se lleva a cabo, ningún otro libro sobre política, economía, o sociología se puede leer de la misma manera. Lo que una vez comenzó como una transacción comercial se ha convertido verdaderamente en un clásico, que puedo predecir será leído por muchas generaciones por venir."
En este posteo vamos a hacer un rápido repaso del segundo capítulo del libro, titulado “Propiedad e intercambio”, más específicamente leeremos el primer apartado: “El Axioma de No-Agresión”
Sin darles más vueltas, vamos a meternos en el tema. Los espero al final para debatir y conversar sobre lo que nuestro querido Murray nos cuenta en este pasaje de una de sus obras más importantes.

El Manifiesto Libertario… Propiedad e intercambio.

“El credo libertario descansa sobre un axioma central: ningún hombre ni grupo de hombres puede cometer una agresión contra la persona o la propiedad de alguna otra persona.”

Así arranca, Murray Newton Rothbard, el capítulo “Propiedad e intercambio” del libro “For a new Liberty: The Libertarian Manifesto”, estableciendo el “Axioma de No-Agresión” como basamento de todo el cuerpo teórico del Libertarianismo.
Define, así mismo, al término “agresión” como “…el inicio del uso o amenaza de uso de la violencia física contra la persona o propiedad de otro…”

Partiendo de este axioma, Rothbard indica “que el libertario defiende con firmeza lo que en general se conoce como ‘libertades civiles’”, posiciones éstas, que se encuentran dentro de las actuales ideologías de izquierda. Por otro lado, el libertario se opone a la invasión de los derechos de propiedad privada y promueve un sistema de “Capitalismo de laissez-faire”, conceptos atribuidos a las actuales ideologías de derecha.
Por tanto, asegura que no hay contradicción en el hecho de que un libertario sea “izquierdista” en algunas cuestiones y “derechista” en otras.

…Por el contrario, considera su posición personal virtualmente como la única de valor en nombre de la libertad de cada individuo, puesto que, ¿cómo puede el izquierdista oponerse a la violencia de la guerra y al servicio militar obligatorio cuando al mismo tiempo apoya la violencia impositiva y el control gubernamental? ¿Y cómo puede el derechista vitorear su devoción a la propiedad privada y la libre empresa cuando al mismo tiempo está a favor de la guerra, el servicio militar obligatorio y la proscripción de actividades y prácticas no invasivas que él considera inmorales? ¿Y cómo puede el derechista estar a favor del libre mercado cuando no ve nada de malo en los vastos subsidios, distorsiones e ineficiencias improductivas involucradas en el complejo militar-industrial?
Inmediatamente, luego de analizar estos conceptos, Rothbard indica que a través de la historia y en la actualidad, jamás hubo otro agresor mayor que el “Estado” y que contrariamente a los pensamientos izquierdistas, derechistas y de centro “el libertario se niega a darle al Estado aval moral para cometer acciones que, en opinión de casi todos, son inmorales, ilegales y criminales si las lleva a cabo una persona o un grupo en la sociedad.”


Rothbard toma una visión muy crítica de algunas actividades estatales, “criminalizándolas”: Trata a la “guerra” y en ocasiones a la “represión de la subversión” como “Asesinatos masivos”; al “servicio militar obligatorio” como una forma de “Esclavitud” y asegura que la existencia misma del Estado depende de la práctica del “Robo forzado”, al que denomina “Impuesto”.

En el pasado, los intelectuales “justificadores” del Estado, aseguraban que los gobernantes tenían un origen divino o que, al menos, estaban investidos de una autoridad divina. Entonces, para la gente inocente e inculta, el despotismo, los asesinatos masivos y el robo a gran escala, no eran más que la “acción benigna y misteriosa de la divinidad que se ejercía en el cuerpo político”.
En la actualidad, aquello de la divinidad ha perdido peso, por tanto, los “intelectuales cortesanos” concibieron una apología mucho más sofisticada, informando al público que aquello que hace el gobierno es para el “bien común” y el “bienestar público”.

El proceso de imponer contribuciones y de gastar funciona a través del misterioso proceso “multiplicador” concebido para mantener a la economía en un punto de equilibrio, y que, en todo caso, una amplia variedad de “servicios” gubernamentales no podrían ser realizados de ninguna manera por ciudadanos que actuaran voluntariamente en el mercado o en la sociedad. El libertario niega todo esto: ve la variada apología como un medio fraudulento de obtener apoyo público para el gobierno del Estado, e insiste en que cualquier servicio que verdaderamente preste el gobierno podría ser suministrado en forma mucho más eficiente y moral por la empresa privada y cooperativa.
Destaca luego que una de las tareas educativas primordiales (y desagradables) de todo libertario es la de difundir la desmitificación y desacralización del Estado.
Así como el niño del cuento de Hans Christian Andersen que gritaba “El rey está desnudo”, el Libertario tiene que demostrar la desnudez del Estado democrático. El Estado no subsiste por las necesidades objetivas del público, sino que su existencia está dada por el imperio abusivo sobre las personas.
Además de hacer visible este engaño, el Libertario debe demostrar que la existencia misma del Estado provoca una división de la sociedad en dos clases: Los eplotadores gobernantes y los explotados gobernados.
El Libertario debe tratar de desenmascarar a los “cortesanos” del Estado, poniendo de manifiesto la tarea que hacen y el premio que reciben por ella: “…crear confusión para inducir al público a aceptar el gobierno del Estado” y por ello los intelectuales estatistas obtienen a cambio: “una porción del poder y del dinero mal habido extraído por los gobernantes a los engañados súbditos”.


Tomemos, por ejemplo, la institución del impuesto, que según los estatistas es, en cierto sentido, realmente “voluntaria”. Invitamos a cualquiera que verdaderamente crea en la naturaleza “voluntaria” del impuesto a negarse a pagarlo, y entonces verá lo que le sucede. Si analizamos la imposición de tributos, encontramos que, de todas las personas e instituciones que constituyen la sociedad, sólo el gobierno consigue sus ingresos por medio de la violencia coercitiva. Todos los demás en la sociedad obtienen sus ingresos sea a través del obsequio voluntario (albergue, sociedad de caridad, club de ajedrez) o mediante la venta de bienes o servicios voluntariamente adquiridos por los consumidores.
Si cualquier persona intentara cobrar tributos a otras personas, sin lugar a dudas sería vista como un criminal. El Estado, sin embargo, lleva adelante tremenda acción coercitiva contra sus “súbditos”… soberanamente. Pero los Libertarios creen que sin importar si es un individuo o el Estado el que lleva adelante dicha tarea, el proceso es un delito. “Sólo los libertarios son capaces de llamar al cobro de impuestos como lo que es: robo legalizado y organizado en gran escala”.



Bien... hasta aquí, este apartado del Capítulo 2, del Manifiesto Libertario. Espero que les haya gustado, y los espero aquí para seguir desglosando esta magnífica obra de este Maestro de la Escuela Austriaca.

Nos vemos en la próxima. ¡Viva la libertad!

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