sábado, 28 de julio de 2018

Realistas vs Idealistas


Dentro de lo que conocemos como Liberalismo, hay una importante cantidad de corrientes de pensamiento, me animo a decir que hay tantos liberalismos como liberales hay en el mundo. Esto hace que el ideario liberal sea el más estudiado, debatido, corregido y ampliado, lo que lo convierte en la filosofía más justa con la naturaleza humana y en el mejor cimiento de una sociedad libre y próspera. Pero los liberales a veces nos enfrascamos en cruentas batallas intelectuales, dentro de nuestras propias filas, las cuales considero, no solo necesarias, sino muy productivas. Y las divisiones en el pensamiento se hacen difusas o variables. Es entonces cuando, desde mi punto de vista, surgen dos posturas bien marcadas, que al parecer se muestran irreconciliables. Dos bandos que se desestiman una al otro constantemente, olvidando a veces, los verdaderos enemigos a los que hay que enfrentar, destruyendo en el otro bando la mejor de las armas que cada uno puede tener: Los maravillosos ideales de nuestra filosofía y la poderosa visión de la realidad.





Voy a definir, antes que nada, ambos bandos. Y antes de eso, aclarar que estoy hablando de liberales en general desde los llamados clásicos, hasta los libertarios, sean éstos minarquistas o anarquistas.


Los Realistas son aquellos que pueden o no estar de acuerdo con los ideales de los Idealistas, pero anteponen en toda discusión las cuestiones del contexto actual de la sociedad.
Los Idealistas son aquellos que ante cualquier tema de discusión, plantean las soluciones desde el punto de vista de sus ideales.

Ambas posturas son correctas y erróneas al mismo tiempo.
Es correcto plantear un norte al cual apuntar en la batalla de las ideas (ideales), como también es correctísimo tratar de diagnosticar y buscar soluciones a los problemas actuales en el contexto de nuestras sociedades (Realistas).
Pero es un error gravísimo, desestimar al rival por el mero hecho de ser de un bando o de otro. Algunos Realistas invalidan completamente las teorías de los Idealistas y las etiquetan como utópicas. Algunos Idealistas invalidan los argumentos de los Realistas, creyendo que por contextualizar están totalmente en contra del ideal buscado.

Yo me defino como anarquista, más precisamente como “Liberal Libertario Anarcocapitalista”. Es cierto, una etiqueta un poco larga, pero me sirve para avisar que estoy siempre, hombro con hombro, con todo “Liber(al/tario)” en toda batalla por la Libertad. Esta etiqueta define no solo mi pertenencia a distintos grupos de liberales, sino que es un aviso de como encararé las discusiones.

Los Realistas suelen tildar de utópicas las ideas del AnarcoCapitalismo (o como quieran llamar a la idea de una sociedad totalmente libre del yugo estatal), ignorando ciertas cuestiones que el “buen AnCap” tiene siempre presente. Y no me refiero a que el Realista ignore o no los planteamientos anarquistas a distintas problemáticas, como las recurrentes discusiones sobre la “seguridad y justicia”. Lo que el Realista no toma en cuenta es que el AnarcoCapitalismo no pretende llegar como resultado de una revolución, en la que los locos anarquistas saldremos a las calles a tomar todos los edificios de la Administración Pública. No es así como funciona la cosa. Eso sería imponer por la fuerza un orden que no a todos tiene porque gustarles. ¿Dijimos “imponer”, dijimos “por la fuerza”?… Que quede claro… a eso no nos adherimos, jamás… Va totalmente en contra de nuestros principios.
El objetivo de los AnarcoCapitalistas debe ser similar al de los Estatistas (sean estos del color político que sean). El Estatismo, en los últimos cien años al menos, fue ganando batallas culturales lentamente, hasta conquistar la mente y los deseos de la gran mayoría de individuos que componen la sociedad terrícola. Hoy, esa gran mayoría, tiene al Estatismo como la nueva religión. Un culto mesiánico que aguarda (y aguardará eternamente) la llegada del gran Hombre que cambiará para siempre la vida de todos.
Es así como a diario vemos, como se proponen, aprueban y promulgan leyes y regulaciones que no hacen más que acotar cada vez más los espacios de libertad, los espacios para el desarrollo de la individualidad.

Debemos imitar a los Estatistas. Pero ojo… imitarlos solo en la táctica de iniciar de una vez por todas, una batalla cultural que empiece a dar frutos a mediano y largo plazo. El tema es que cuanto más demoremos en tomar ese camino, más largo se hace el plazo.
Y aquí radica el gran problema que tenemos los anarquistas: el camino a seguir.
Sabemos dónde queremos llegar, pero no nos damos cuenta de que jamás llegaremos dando un salto. Ya la humanidad conoció de “Grandes Saltos Adelante”, y aunque nos parezcan lejanos Mao y los millones de muertos por ese salto… debemos saber que las consecuencias de ignorar la realidad, son las mismas, sea cual fuere el lugar al que apuntemos al saltar.

Y es aquí donde entra a jugar un papel importante el realismo de los Realistas. Es aquí donde ellos se convierten en nuestros mejores aliados.

El Realista identifica correctamente los problemas que el contexto actual tiene. En muchas ocasiones tiene las soluciones correctas para cada problema. Y son ellos quienes, desde un bando al que los Idealistas creemos rival, nos están indicando el camino a seguir.

Pero los Realistas pecan por ser “cortos de vista”. Identifican un problema que impide su propio desarrollo individual y el desarrollo del conjunto de la sociedad. Saben que a más libertad, mejores resultados. Y no lo saben por supersticiones, lo saben por su indiscutible empirismo. Pero una vez que identifican el problema, y plantean las soluciones, se niegan a ver que siempre hay un paso más hacia la libertad. Sus objetivos están puestos en el aquí y el ahora, lo cual jamás diría que esté mal, digo que está simplemente “incompleto”.

Me vienen a la mente esas intensas y coloridas “negociaciones” en los mercados callejeros de tantos lugares del mundo, en tantos momentos de la historia, incluso hoy.
El famoso regateo: El vendedor quiere vender su mercancía al mayor precio posible y esa es su “utopía”, el comprador, por su parte, tiene su ideal de precio en la cabeza. Ambos apuntan sus luchas hacia sus propios ideales. Y comienzan a regatear.
La utopía para el comprador, sin dudas sería que la mercancía deseada le resultara totalmente gratis. La utopía del vendedor sería que por su más insignificante chuchería, recibiera cantidades astronómicas de dinero, comparables con la suma de las diez mayores fortunas del ranking de Forbes. Y hacía allí apuntan sus cañones.
Ambos son “Idealistas”, pero ambos son al mismo tiempo “Realistas”… saben perfectamente que dadas las circunstancias del contexto (están en un mercado, no en una sociedad de beneficencia) el ideal de cada uno jamás será alcanzado. Pero como son tercos como mulas… empiezan a pelear con las banderas de sus ideales flameando gloriosas en lo alto.

Como sabemos los liberales, toda negociación en un mercado libre, termina con ambos actores satisfechos. Siempre, en libertad, ambas partes saldrán beneficiadas. Es así que al finalizar el regateo, el comprador habrá llegado al precio que más se acerca a su ideal de “gratuito” y el vendedor habrá recibido la paga más cercana a su ideal de “riqueza”.

¿Pero qué pasa si el comprador, en un arranque de “realismo”, se plantea que jamás podrá conseguir esa mercancía que tanto desea a $0, y se acerca más a un precio que estima más “justo con la realidad”? Lo mismo para el vendedor… ¿Qué pasa si en un exceso de realismo, se plantea que dicha mercancía no es más que una baratija, cuyo valor no superará el almuerzo que pretende comprar con el dinero que cobre?

Los límites para la negociación se acotaran. Ambos comenzaran “peleando” por un objetivo menor al ideal. El valor justo, supongamos que sea exactamente a la mitad de ambas pretensiones. En un regateo con objetivos ideales, el resultado quedará en el 50% de las pretensiones originales, pero en una negociación que arranca con ideales más “realistas”, siempre será inferior al 50% del ideal… mucho más lejano de la “utopía”.

Llevemos este ejemplo (mis típicos ejemplos absurdos… sepan disculpar) a nuestra batalla de las ideas. Al plantarle cara a nuestro rivales, a los vendedores de chucherías ideológicas, debemos ir con nuestro máximo ideal bien firme… fijado en el extremo máximo de nuestras pretensiones. Así seguramente, en el regateo ideológico, habremos dado más pasos hacia nuestro ideal, que si lo hubiéramos hecho acotando nosotros mismos el margen de negociación.

Supongamos que vamos a pelear por la desregulación del comercio. Debemos plantear, como liberales tercos que somos, que la desregulación sea completa. Que el Estado saque sus sucias manos de nuestras transacciones. Puede que en el regateo no consigamos nada, y nos volvamos a casa como vinimos. Puede que alcancemos solo un 10% o un 25% de nuestro pretendido e ideal 100%. Pero puede ser, que debido a “esas cosas del orden espontáneo” superemos el 50%, lleguemos al 75%... conquistemos el 90%... ¿Quién sabe? Todo es posible. Todo depende de cuánto hayamos hecho en la batalla de las ideas, cuanto hayamos peleado. Cuan fuerte hayamos asegurado nuestros argumentos. Depende también de cuanto entusiasmemos a nuestros rivales con nuestros argumentos. Debemos encontrar la manera de hacerles ver que algunas de sus pretensiones, están admitidas por las nuestras… o que se parecen, pero que solo con nuestros métodos son posibles de alcanzar. El Liberalismo no es una utopía… es el marco para todas las utopías… Según dice Robert Nozick y lo desarrolla Mauricio Bernal: http://www.bernalmauricio.com/que-es-el-liberalismo/

Pero si vamos a pelear por eliminar solo dos o tres regulaciones, y planteamos argumentos para alcanzar esos únicos objetivos, dejando pasar argumentos a favor de aquello que tanto detestamos. Los logros corren serio riesgos de ser menores.
Puede que consigamos esas tres desregulaciones particulares y habremos ganado una buena batalla. Pero no nos podemos conformar… no podemos olvidarnos del ideal. No podemos darle la espalda a nuestra utopía.
Porque si nos mostramos así, débiles de ideales, nos asestarán golpes que nos dejarán al borde del K.O.

Hablando con “Realistas”, gente a quien admiro profundamente, descubro que todos ellos, tienen a mis locas utopías, como lugares a los que desean llegar. Son “Idealistas” como yo, pero puertas adentro. No se lo dicen a nadie.
A ellos les digo… Vengan conmigo, vamos a regatearles a esos vendedores de baratijas ideológicas juntos. Nosotros le planteamos los ideales y ustedes, con su alto conocimiento de la realidad nos van marcando cual camino elegir para alcanzar ese ideal.

Hablando con “Idealistas”, gente a quien también admiro profundamente, descubro que muchos de ellos, se cierran en querer instalar nuestros temas utópicos, a cualquier precio… sin sopesar las asquerosas trabas que el Estatismo nos ha impuesto en esta realidad en la que vivimos.
A ellos les digo… Vamos con los “Realistas”… no son “tibios socialdemócratas”, ellos como nosotros, son vistos por esta sociedad zombificada por el Estatismo como radicales, somos, ellos y nosotros… fundamentalistas del libre mercado y el capitalismo salvaje. Así que no nos distraigamos con pavadas. Vamos con ellos y ellos con nosotros.
La lucha es en el barro hediondo de la realidad, el objetivo… la hermosa libertad que todos… dije todos… anhelamos.

Tenemos la filosofía más hermosa, natural y humana que jamás haya existido: El Liberalismo.
Tenemos la herramienta más poderosa que ha descubierto la humanidad: El Capitalismo.
Y tenemos el objetivo más maravilloso y deseable que pueda existir: La Sociedad Libre.

No regateemos con esos estafadores por solo unas chucherías… ¡Vamos!… peleemos por todo.
¡Viva la libertad!

2 comentarios:

  1. Complementando este gran artículo con el desarrollo de uno de los mayores referentes del Anarcocapitalismo en Hispanoamérica:

    https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/el-anarcocapitalismo-de-miguel-anxo-bastos

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  2. http://www.albertesplugas.com/blog/2009/09/la-irrelevancia-de-la-viabilidad-del-anarcocapitalismo.html

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